Deviant Login Shop  Join deviantART for FREE Take the Tour
×

:iconyoguresenlanevera: More from yoguresenlanevera


More from deviantART



Details

Submitted on
August 14, 2011
File Size
12.4 KB
Link
Thumb

Stats

Views
120
Favourites
4 (who?)
Comments
7
Downloads
2
×
El joven lunes amaneció entre sorpresas. Lo de aquella chica sólo fue una noche. Pero como no había sido su intención, todo lo sucedido estaba por encima de su campo de visión. El sábado hubo un disturbio en su cabeza, una clara laguna de psicosis placentera. No había más que mirarle a los ojos para convencerse de que lo sucedido había trascendido más allá de sus sentimientos. Se encontraba sucio y pegajoso. El espejo mostraba un cuerpo sin rostro, con las uñas negras, el pelo enredado, la sangre haciendo autostop para librarse de aquel cuerpo, pequeñas manchas de aceite en los ojos. A* lo había llevado de la mano hasta su cama. Él, perdido y desorientado, quería retroceder al lugar donde se encontraba su antigua identidad. Pero una fuerza que aún hoy no sabría describir le prometía una gran noche. Mientras ella procuraba abrir la puerta de su casa lo beso con pasión y descaro. Él apretó bien aquellas manos suaves y delicadas. A*, de no mucha estatura, con un jersey de punto y por debajo una camiseta casi sin mangas con un estampado de una puesta de sol en el que se podía leer con dificultad "abyssal", un pantalón vaquero ajustado de color negro y unos tenis tan desgastados como si hubieran recorrido una cantidad de conciertos innumerable. El pelo castaño oscuro le tapaba las pequeñas orejas, con unos lóbulos capaces de una increíble hipnotización. Su mirada atronadora, entre rabia y sutileza, se sentía capaz de destruir la moral de cualquiera. Sus ojos, extrañamente morbosos, escondían lagos de sufrimiento y dolor. Las cejas, perfectamente perfiladas descubrían su coquetería. La pequeña nariz marcaba el ritmo del perfil y sacudía con fuerza las del resto de la humanidad. Los labios se dibujaban etéreos y, con su peculiar color rosado, acunaban una risa prudente y gentil. Escondía detrás de ellos unos dientes asombrosamente bien alineados y le confería a su rostro una seguridad seductora. A sus * años, tenía los pechos turgentes y de un tamaño perfecto. Su pequeño cuerpo delgado le proporcionaba una belleza de pocos. Él conocía su extraordinaria inteligencia, capaz de llevar conversaciones a extremos a los que su mente nunca había accedido. Hablaba con seguridad y elegancia, sin llegar a ser pedante. Para él, aquel hecho se convertía en un inconveniente. Se veía sumergido en unas tinieblas al compararse con ella. No se creía, para nada, capaz de transmitirle algo. Además de que ella era una de las grandes razones por las que había perdido a la persona que más quiso.

Al entrar por la puerta, intentó analizar su casa para descubrir más aspectos comunes a ella. En el largo pasillo se encontraban grandes posters de conciertos y obras de teatro. Mientras caminaban hacia la habitación, A* lo agarró de su mano guiándole por un sendero oscuro. Era un gesto que hacía tiempo que no recibía de parte de nadie. Aquello lo cautivó aún más. Él pasó la mano por su pelo, rozando despacio su oreja y volviendo a la nuca. La camiseta, no muy ajustada, acababa justo dónde comenzaba el pantalón. Bajó su mano hasta allí y la introdujo por aquella espalda. Sintió un escalofrío al descubrir lo lejana que había estado aquella dulce espalda y, al darse cuenta de que ahora la rozaba con la yema de sus dedos, la vista se le nubló. Ella se giró y puso un dedo en los labios de él.

-No es momento de perderse aún… -le susurró al oído.

Al entrar en la habitación descubrió que aquel lugar parecía más una biblioteca que un lugar donde dormir. Tenía libros de todos los tipos. Desde Dickens hasta libros de estudios sobre la sinestesia. Sabía que a ella el efecto de la sinestesia le fascinaba, por eso siempre procuraba sacarle el tema. Había leído todo lo que buscó sobre ello para no quedarse a medias en el diálogo. Había varios cuadros abstractos y un par de ellos pudo descifrar que eran impresionistas. Aquella habitación tenía un brillo impropio. Encima del escritorio pudo observar que estaba inmersa en la lectura de uno de los libros contemporáneos de Yukio Mishima.  El ordenador estaba encendido y abrió su playlist. Puso en un tono muy bajo "Thousand Scars". Ella posiblemente no lo sabía, pero era uno de los temas que él solía escuchar para inspirarse. Poco más pudo observar él, porque en cuanto puso en el volumen adecuado la canción –eran las 4:39 de la mañana-, A* se acercó y de una forma suave y precisa rozó sus labios con los de él. Se besaron durante largo tiempo y al visitarse sus lenguas, él descubrió su piercing. Aquello le excitaba aún más. Al empezar a sonar "L'arrache Coeur", ella le desabrochó la camisa que él había comprado para la ocasión. La obra de teatro lo merecía, además que en el Teatro Colón era necesario mantener una apariencia adecuada. Pasó sus manos por el pecho y luego recorrió con sus labios su cuello y todo su cuerpo. Una pequeña luz pintaba las sombras del pelo de uno en el cuerpo del otro. De nuevo, él, en A Coruña con una mujer que ansiaba conocer. Sus cuerpos se hicieron uno varias veces durante la noche. Desnudos, se abrazaron y se quedaron dormidos hasta el mediodía. La música no dejó de sonar en toda la noche. Él se despertó primero y mientras procuraba desperezarse se encontró con ella besándolo. Fue un beso intenso, con los labios secos, los ojos casi sin poder abrirlos y los finos rayos de sol entrando por la persiana como clavos de luz. No importaba el sabor. Sí la pasión. Se miraron durante un buen rato y él pudo notarse las manos temblando. Ella las cogió y lo tranquilizó con besos por el hombro y los brazos. Comenzó a sentir la seguridad de aquel cambio repentino en su vida. Todo lo que había soñado quedó suavemente eclipsado por la noche del 12 de Febrero. Mientras ella se levantaba de la cama desnuda, él contempló su cuerpo,  las formas que surgían de las sombras le dibujaban en el cuerpo piezas de puzle asimétricas. Atrás habían quedado discusiones absurdas, celos, impotencia, sudor y lágrimas, orgullo y prejuicio, una pasión oscura de dudosa armonía. Allí se había escrito el final de un capítulo y el comienzo de uno nuevo. Prestó atención a su brazo. Tenía un tatuaje de seductores colores. En la pierna tenía otro más pequeño que le otorgaba a su cuerpo un estilo íntimo. Él se levantó y la agarró, abrazándola por detrás. Se besaron de nuevo y volvieron a hacerlo, esta vez encima del escritorio, mientras el libro de Mishima se caía al suelo y perdía el marcador, a ojos de los otros libros que los observaban con inquietud temiendo la caída por el vaivén de la mesa, a la luz del sol de invierno, al sonido de los gritos de placer entre lágrimas de tranquilidad. Al terminar, se sentaron en el borde de  la cama, exhaustos y con una sonrisa escondida.

-¿Y ahora qué? –le preguntó ella.
-Ahora, ¿qué de qué? –contestó él.
-No sé, qué sugieres, qué quieres hacer…
-Pues no lo sé. ¿Te apetecen ir a comer algo? –Sugirió él mientras miraba a través de la ventana y veía el perfil de ella dibujarse a la luz del sol-. En "El pescador" me han dicho que se come bastante bien.
-Está bien. Vayamos a comer algo antes de que nuestros cuerpos se encuentren en una situación de no retorno. –Resolvió ella.

Se vistieron, se lavaron juntos los dientes y se despeinaron el uno al otro antes de encaminarse al restaurante. Todo aquello no le traía más que recuerdos, pero ahora todo parecía diferente. Era domingo, por la calle no se veía a demasiada gente y el tráfico, a sus ojos, estaba estático. Él se sentía libre, como un águila volando sin destino. Caminaban con paso firme, sin vacilar. En silencio la mayor parte del tiempo. Quizás ella también divagaba sobre el futuro próximo. Le gustaba su forma de caminar, despreocupada y sin bajar el mentón. Mostraba la seguridad que ella tenía en sí misma.

Antes de subirse al tren de camino a Santiago, ella le sacó una foto con su polaroid. Es una de sus pasiones encubiertas, la fotografía. Cada aspecto que descubría de ella le atraía más todavía. Esperó en el andén a que la polaroid mostrara su imagen. En la foto salía, como siempre, bastante mal.

-¡Anda! Sales extraño. –le dijo ella.
-Como siempre, bastante mal. –respondió él.
-Conmigo el rollito triste cautivador no te va a resultar. Tenlo claro.
-Lo sé. Es algo automático. Lo siento.
-No te preocupes. Tendremos tiempo para cambiar eso. En el fondo tú eres un pequeño diamante por pulir. ¡Dibujaré en ti ángulos que sólo existen en mi subconsciente! –Propuso ella mientras le pellizcaba un brazo y sus ojos se empequeñecían dándole mayor credibilidad-. De momento, respira tranquilo esta semana. Dentro de un mes y medio nos volveremos a ver, iremos al mismo lugar y volverás a dormir conmigo, abrazándome fuerte por la espalda.

Se dieron un beso largo y húmedo y se despidieron. Aquellas palabras le producían un miedo intenso. No había pensado retomar su vida sentimental tan pronto. De hecho se había planteado abandonarse y apartar sus sentimientos por un largo tiempo. De nuevo afloraban, y más fuerte que nunca. No sabía si aquello era el inicio de algo que tenía que haber pasado antes, o simplemente había surgido así, a contratiempo. En el tren se dio cuenta de que se había olvidado el libro de Kawabata. Lo había cogido de la biblioteca un par de días antes. Se preguntó si lo había dejado en su casa o en la de ella. Al descubrir que realmente lo había perdido, una masa pesada y lóbrega se posó en su interior, dándole a la belleza de la noche anterior un tono grisáceo y tétrico. Se preguntaba qué debía hacer o decirle a la administrativa de la biblioteca. Luego decidió comprar el mismo libro y llevarlo allí a modo de recompensa. Quizás lo multaran, pero el hecho de perder un libro era digno de vergüenza propia y necesitaba enmendarlo de alguna manera. Ya en el tren, se sentó al lado de una joven de pelo rubio. Parecía de origen alemán, pero hablaba español como la que más. Sacó de su bolso un espejo, el billete de tren, dos móviles, unos cascos, algo semejante a un neceser de viaje y lo depositó todo encima de la bandeja del asiento. Parecía que iba a recorrer medio mundo con esos enseres. Era la primera vez que veía a una chica rubia con el pelo tan sucio. Se preguntó si quizás aún no había pasado por casa después de salir aquella noche. <<Es imposible, son las 18:53>>, se dijo a sí mismo. En cuanto ella se puso los cascos, decidió ignorarla y centrar sus pensamientos en A*. Poco rato después se dispuso a empezar "Tokio blues. Norwegian wood" de Murakami. Pudo discernir, después de darle bastantes vueltas, que las primeras páginas del libro se correspondían con un cuento que salía en "Sauce ciego, mujer dormida", del mismo autor. Eso lo confundió y decidió apartar los ojos de la vida y sumirse en el silencio. El tren iba bastante lleno, pero la gente era lo menos importante en aquel momento. Tenía en su mente a sus manos rodeando el cuerpo de A* y dejando atrás tiempos en los que le tiraban a la cara su vida. Aquel pelo que apareció tapándole la cara al mediodía olía a una espera del alba. El fin del mundo parecía ahora una utopía.

Al llegar a casa, saludó a su hermana y se dirigió a su habitación. Ahora, su pequeña cueva, le parecía estúpida y solitaria. Casi sin libros y sin restos de vida. El escritorio lleno de papeles y apuntes de las clases. La silla enorme, se balanceaba al ritmo que él se desvestía para ponerse el pijama. El globo terráqueo seguía en el mismo lugar, el manga de la biblioteca también. Cuando se despertó eran las 7:00 del lunes. Decidió desconectar la alarma del móvil y no ir a clase. Necesitaba reordenar sus ideas y evitar a gente indeseable.



Apenas veía dos lágrimas al rozar sus brazos. El énfasis con que lo acariciaba le producía  un alto grado de excitación. Los pelos se le ponían como escarpias y la piel se tornaba a un tacto rugoso. La Primera Secuencia del Réquiem de Mozart, Dies Irae, sonaba ahora con fuerza en sus oídos. Era una antítesis del momento y ello lo honraba de una mayor importancia. Su pelo recorría todas las partes de su cuerpo sin pedir permiso. Llegados a Lacrimosa los dos fruncieron el ceño y allí terminaron a la vez. Todo entre gritos de placer. Era la tarde en la que el vértigo se escondía al otro lado de la pared. Envuelto entre enredaderas secas por el calor de verano. Había desaparecido el sábado por la noche. En su lugar apareció un nuevo miedo, sigiloso y espléndido, y ahora cuidaba de él.
Texto que subí en Febrero dividido en partes con diferentes fotos (no os voy a poner los links, soy demasiado vago) y que ahora decido ponerlo en una misma deviation. Porque me apetece, más que nada, y porque creo que así tiene más consistencia. Y tal.



A todo esto, tengo pesadillas con martillos golpeando mi cabeza.
Add a Comment:
 
:icondennia:
dennia Sep 24, 2011  Professional General Artist
Si cuando lo leí a trozos me gustó, ahora me ha encantado. Lo he leído dos veces, y la segunda con "Lacrimosa" de fondo, y ha sido increíble.

Chapó.
Reply
:iconyoguresenlanevera:
Bien hecho, me alegra haberte hecho escuchar esa secuencia del Réquiem :)
Reply
:iconnimeru:
Nimeru Aug 17, 2011
Genial, me ha gustado mucho. Pero con la mención a Murakami ya me ha enamorado xD

:*
Reply
:iconyoguresenlanevera:
Hahahaha Murakami me toca mucho la fibra :_)

Muchas gracias por comentar... :***
Reply
:iconalpana-sh:
Y por supuesto, al subirlo todo junto gana mucho, ya que te metes en la historia de lleno.
Me ha encantado, mucho mejor que cuando lo leí en fascículos.

mirada atronadora
Fantástica sinestesia, muy gráfica, impactante. Enséñame cómo lo haces ;)

Mostraba la seguridad que ella tenía en sí misma.
Aquí yo quitaría ese "ella". Ya estás hablando de ella, de cómo anda, ese pronombre es redundante, me sobra. Además, en el siguiente párrafo, y el inicio del siguiente-siguiente :D también repites "ella" varias veces. Estaría bien sustituir alguno de ellos por "Ana".

En el final tengo mis dudas. ¿A quién te refieres? ¿A la chica que él ha dejado antes de irse con Ana?
Reply
:iconyoguresenlanevera:
Muchas gracias :)

Lo escribí hace bastante y no lo revisé en ningún momento, por eso tantos errores. Soy un desastre :(

El final narra lo que sucede un mes después con los mismos protagonistas :)
Reply
:iconalpana-sh:
Bueno, solo fueron esos ellas, tampoco hay para tanto :D
Aaaahhhhh, vale. Un mes después. Ahora, con esta explicación, lo que me gusta es eso del miedo sigiloso y espléndido.
Un abrazo, majo ;)
Reply
Add a Comment: